sábado, 1 de agosto de 2009

Sal chichita de Viena



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Viena no estaba planeado. Lo incluimos porque era un destino barato para nuestro inicio del viaje. Fue una muy feliz coincidencia, porque me encantó la ciudad y porque el viaje terminó siendo, sin darnos cuenta, un recorrido por el antiguo imperio Astro-Húngaro.
Me gusta, aunque no sepa nada de Sissi la emperatriz y no sea un amante de la música clásica. Se las ingenia para tener vida y onda en pleno agosto.

Pero lo mejor de Viena no fue ni Hundertwasser (tipo copado si los hay), ni Mozart, ni el cine al aire libre, ni sus edificios imperiales, ni sus parques, ni Klimt, ni siquiera Schiele que se quedó tocando las puertas. Lo mejor fue el kaesespaetzle. Una especie de ñoqui celestial acompañado de lechuga apiclada!!! Se que, aunque me resista, cada vez que alguien diga Austria yo pensaré en mi Kaesespaetzle y su explosión de sabores. Pavlov estaría orgulloso de mi.
 



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