
El miércoles de la semana
pasada llegaron de visita mi mamá y mi madrina y suspendí varias actividades
ante tan feliz acontecimiento. Entre ellas el ciclismo. Esta semana que las
viajeras me abandonaron para visitar Grecia hablé con Mariano para salir en
bicicletas. Yo estrenaría mis pedales automáticos, esos que se quedan trabados
en los pies. El estrenaría su bicicleta nueva.
Se sumaron dos amigos de
Mariano y decidimos hacer un circuito rápido. Me sentía muy cómodo con mis
nuevos pedales y les tomé confianza rápido. Demasiado rápido… En una curva
pronunciada y de mucha velocidad, la rueda trasera me “patinó” y no pude sacar
el pié del pedal. Caí entonces de costado con la rodilla y el brazo en el suelo
y pasé raspando el casco contra unas piedras. Me limpié con agua y seguimos andando
un rato más.
El verdadero problema fue
causado luego por mi ignorancia. Tenía la idea de que el agua oxigenada no
ardía. Después limpiarme bien las heridas me tiré con fuerza el agua oxigenada.
Unos segundos después, para mi propia vergüenza, estaba retorciéndome en el
suelo del baño como un herido de bala. Hoy compré Yodo.
Ya volvé de Grecia mamita, que
me hice pupa.