miércoles, 24 de mayo de 2006

No se me puede dejar solo


-->
El miércoles de la semana pasada llegaron de visita mi mamá y mi madrina y suspendí varias actividades ante tan feliz acontecimiento. Entre ellas el ciclismo. Esta semana que las viajeras me abandonaron para visitar Grecia hablé con Mariano para salir en bicicletas. Yo estrenaría mis pedales automáticos, esos que se quedan trabados en los pies. El estrenaría su bicicleta nueva.

Se sumaron dos amigos de Mariano y decidimos hacer un circuito rápido. Me sentía muy cómodo con mis nuevos pedales y les tomé confianza rápido. Demasiado rápido… En una curva pronunciada y de mucha velocidad, la rueda trasera me “patinó” y no pude sacar el pié del pedal. Caí entonces de costado con la rodilla y el brazo en el suelo y pasé raspando el casco contra unas piedras. Me limpié con agua y seguimos andando un rato más. 

El verdadero problema fue causado luego por mi ignorancia. Tenía la idea de que el agua oxigenada no ardía. Después limpiarme bien las heridas me tiré con fuerza el agua oxigenada. Unos segundos después, para mi propia vergüenza, estaba retorciéndome en el suelo del baño como un herido de bala. Hoy compré Yodo.

Ya volvé de Grecia mamita, que me hice pupa.