lunes, 3 de agosto de 2009

Eslovaquia de mis amores



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Justo a las afueras de Bratislava, torres de departamentos rectilíneas, monótonas y sosas me ilusionan la llegada. Huele a comunismo soviético!. Viajar por Europa corre el riesgo de hacerse cada vez más aburrido. Uno debe abrazar las pequeñas diferencias. Sobre todo ahora, con el crecimiento de la EU (European Uniform), “occidente” se le pega a todo como hongo. A esta capital con ritmo de pueblo ya llegó el Euro y Mac Donald’s, pero hay algo que se mantiene por suerte inalterable: El famoso y temido carácter eslavo. Y como uno tiene que ser coherente con el discurso, cuando el camarero me da su mirada de odio y me habla como si le debiese dinero, yo lo abrazo y le digo: gracias.


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