miércoles, 19 de julio de 2006

Las calles de Suzhou



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Como habitualmente pasa, lo mejor de Suzhou aparece cuando guardo la guía y me propongo perderme, esta vez en bicicleta. Al poco de andar aparece un canal junto al camino. Doscientos metros más adelante el canal dobla, y yo doblo con el. Aparece Suzhou.
Las casas ganan en años y humildad. Aparecen más canales, que se ensanchan y permiten navegar a pequeñas barcas. Los puentes de piedra, los caminos que se entrecruzan, permiten tomar una nueva dirección cada pocos metros. Es que apareció Suzhou y me fascina.
En esta parte de la ciudad soy mas extraño, y se nota. Cuando paro lo bicicleta para tomar una foto o para ver algo, la gente se me acerca con total descaro, me mira y se ríe. Es divertidísimo. No importa cuantos años pudiera vivir en China, nunca seria un Chino, ni mis hijos. Pienso que en Barcelona y tantos lugares, esta es la realidad de tantos inmigrantes, de sus hijos, de sus nietos. Que no despiertan risa sino recelo y otros sentimientos que nacen entre quienes no se creen iguales. Pero basta de tristeza, que apareció Suzhou y me fascina.




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