He notado que los relatos que
más entusiasman a quienes husmean en mi blog son aquellos en los que relato
desventuras. Mi relato de hoy será del gusto de la más egoísta masa de lectores.
A veces sucede que uno de los integrantes
de una pareja de amigos compatriotas se ausenta de Barcelona por distintos
motivos. Entonces el otro, el dejado, se sorprende a sí mismo descubriendo que
esas vacaciones que tanto anhelaba tomarse de su compañer@, no eran más que una
situación indeseable que llevaba tiempo sin vivir: estar solo y al pedo. Por
alguna razón que desconozco, me he transformado en el máximo referente de esa
situación y por tanto con cada desmembración temporal de una pareja de amigos,
mi teléfono suena. Esta vez el abandonado fue Mariano y el plan bicicleta de
montaña.
Al llegar a Can Trías, antes de
alcanzar lo que sería el punto de partida de nuestro recorrido, el coche empezó
a causar algunos problemas y algunos minutos después había fallecido. Lo
dejamos aparcado y nos montamos en las bicicletas. Éramos jóvenes y
determinados. Nada nos detendría.
A pesar del disimulado
extravío, disfrutamos mucho los senderos y el paisaje. Fue justamente una
espectacular vista de Montserrat la que puso en evidencia nuestra segunda baja
electrónica. En la pantalla de mi cámara de fotos se veía todo negro. Pensando erróneamente
que el problema sería solo en la pantalla nos tomamos algunas fotos que nunca
verían la luz. En retrospectiva, posar para la nada, es una experiencia un
tanto humillante.
Volvimos al coche y esperamos
una hora por la asistencia. Luego de regañarme el mecánico me dio el
diagnóstico: Hay que cambiar el alternador. Nos sentamos a esperar otra hora la
llegada de una grúa.
Antes de terminar, una última
observación: hay otra estadística aplicable a los lectores de este blog. Si un
escrito tiene más de 4 o 5 renglones no lo leen. Después me comentarán: “ahh,
sí, eso de las bicicletas, sí, esta bueno” pero no lo habrán leído. Yo acepto
los falsos comentarios y continúo explotando mi incapacidad de síntesis.
Supongo Mariano, al formar parte del relato lo habrá leído completo. Un saludo
Mariano, nos vemos después.
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